viernes, 10 de abril de 2015

Prólogo y 1er Cap: "My Love don't cry!"

Prólogo

Los continuos abusos que recibía por parte de los de su alrededor, hacían que Greta Miller, odiara su vida. Todo era insignificante para ella, no valoraba nada, pues eso, era lo que tenía... NADA.
Ir al instituto, era un suplicio cada día. No tenía amigos reales, solo un par de personas le dirigían la palabra, pero simplemente, para pedirle apuntes. El resto de estudiantes, la insultaban o simplemente, la ignoraban.
Su familia, no tenía mucho dinero, por lo que ella, tenía que hacerse cargo de sí misma trabajando después de las clases.
Llegaba cansada después de un día duro, y aún así, tenía que ayudar a su madre a hacer la cena o a su hermano pequeño con los deberes. El tiempo que poseía para ella, era mínimo, pues también debía hacer sus trabajos para el instituto.

Su día a día, era absurdo, hasta que conoció a Max Lewis...

Un joven misterioso, al que todos temían, pero que al mismo tiempo, era popular, pues su belleza era única y su familia rica. Todas las chicas lo perseguían a pesar de que éste, ya tuviera novia. Una de esas pijas que creen que son refinadas, pero que en el fondo, son lo más bruto del mundo, una chica que no dejaba pasar un insulto hacia cualquiera que no le agradase, si la ocasión lo permitía.
Greta, tenía que aguantar las burlas de la novia de Max a todas horas, pues estaban juntas en clase.
Pero por alguna razón, la vida de Greta comenzó a cambiar, haciendo que ésta, quisiera luchar por su vida e intentar alcanzar todo lo que quería tener consigo, y sobre todo, quería que Max la amase, como ella lo amaba a él.




Cap1

Como todas las mañanas, el despertador de Greta sonó a las 6, haciendo que el cuerpo, todavía cansado de la joven, rodara por toda la cama enrollándose entre las mantas mientras intentaba levantarse.
Su obligación, era tener listo el desayuno para sus padres y para su hermano, para que estos simplemente tuvieran que calentarlo.
Salió como un rayo, al darse cuenta, de que se le había pasado la hora por haberse quedado dormida sobre la taza de leche con cereales.
Bajaba corriendo la cuesta que estaba enfrente de su casa mientras acomodaba la pajarita de su uniforme y abrochaba la chaqueta de este. No debía volver a llegar tarde, o avisarían a su casa, y eso, no sería bueno...

No cogería el metro, pues necesitaba el dinero para el almuerzo y no quería gastar más de la cuenta, más bien, no podía permitírselo.
Corría con la máxima rapidez que le dejaban sus piernas, y en su respiración, se notaba el cansancio por el esfuerzo. Estaba tan distraída pensando en su mayor objetivo, “Llegar a tiempo”, que no vio a aquel chico que cruzaba en moto. No se llevó a Greta por delante, ¡de milagro!
El joven paró en seco y se quitó el casco gritando a la chica que se hallaba en el suelo tirada, con su mochila abierta y sus libros desperdigados por toda la carretera.

-¿Eres idiota? ¿No tienes ojos en la cara?- Dijo el chico sacando su casco.
-Lo siento, pero es que llegaba tarde y no te vi venir. Perdona.- Susurraba Greta intentando recoger sus cosas para volver a iniciar su ruta.
-Pues por culpa de tu despiste, casi provocas un accidente. ¡Joder!, si es que no me extraña que ni me vieses, con esas gafas de vieja y los pelos delante de los ojos...

Aquel chico había sido un maleducado de primera. No preguntó si ella estaba bien o simplemente le ayudó a recoger el desastre del suelo, NO. Se había dedicado a insultarla, como el resto del mundo.

Todavía no sabía como lo hizo, pero logró llegar a clase por los pelos.

-Señorita Miller, siéntese en su asiento. Estaba a punto de cerrar la puerta, esta vez, ha tenido suerte.
-¡Si profesora! Gracias...

Todos la miraban de reojo, sobre todo la mayor pija idiota y asquerosa de todo el universo, Ania.

Las horas pasaron lentas, como siempre. Cuando por fin sonó el estruendoso timbre, todos salieron de un suspiro de aquellas cuatro paredes, excepto Greta, que se había quedado dormida encima del libro de Alemán.
Una mano, abalanzaba el cuerpo de Greta intentando despertarla.

-Señorita, señorita... disculpe, debe salir para que podamos cerrar el aula.
-¿Que..? -Decía ella todavía frotando sus ojos dormidos...
-Son las cinco y media de la tarde...lleva aquí casi una hora...-Decía la conserje que quería despejar la zona para cerrar con llave.

Greta cogió sus cosas percatándose de que como no apurase, la despedirían de la heladería, pues quedaba media hora para que le tocase ir a cubrir su turno como camarera.

Definitivamente, este no era su día. Tuvo que volver a correr hasta llegar a su trabajo de medio tiempo. No quedaban ni cinco minutos cuando terminó de alistarse para continuar el turno de la anterior camarera.

Parece que la heladería, era el único lugar en el que se sentía a gusto, pues se distraía hablando con los clientes o con las compañeras de trabajo. También era el único lugar en donde parecían apreciarla.
Greta limpió las mesas que habían dejado vacías, y luego, fue al almacén a por más helado de frambuesa que ya se había acabado y necesitaban reponerlo. Era el más codiciado por lo rico que estaba.

Cuando volvió de vuelta, la encargada le ordenó que atendiera la mesa número 3, ya que habían llegado unos nuevos clientes. Greta cogió la libreta de anotaciones y se acercó.

-Buenas tardes, ¿cual es su pedido?- Dijo sonriente.
Pronto cambió su cara cuando la clienta se giró. Era Ania con un chico moreno y guapo de expresión seria. No tardó medio segundo en darse cuenta que aquel muchacho, era con el que se había tropezado aquella mañana.

-Vaya, ¿pero a quien tenemos aquí? ¡A la perdedora del instituto... Greta Miller!- Decía Ania.
-¿Que desea tomar? -Repitió Greta con una sonrisa fingida en su rostro.
-Mmmm. Pues déjame pensar... Quiero un helado de nata, frambuesa y chocolate.-Pedía mirando la carta- ¿Y tu cariño?-Decía refiriéndose al chico.
-Solo un café.

Greta tomó nota y cogió todo lo que la mesa 3 le había pedido.

Cuando ésta se acercó con el helado y el café, la odiosa de su enemiga le puso el pié para que Greta tropezase.
Ésta, no pudo esquivar la pierna de Ania y se cayó de bruces manchando la falda y el pantalón de sus clientes.
No cabe imaginar, el escándalo que se armó allí.

-¡Esto es inadmisible! ¿Como una camarera no puede saber por donde anda cuando lleva una bandeja en su mano? ¡Quiero la hoja de reclamaciones!- Pedía Ania disgustada, o al menos, fingiendo que lo estaba.
-Esto es un desastre...-Musitó el joven.
-Max, vámonos de este sitio.

Ambos se fueron dejando a Greta en el suelo limpiando, mientras su jefa le reñía por no mirar donde ponía sus pies y recordándola que el cliente era lo más importante.

Había tenido suerte de que no la despidieran, pero la jefa, le advirtió que como volviese a pasar lo mismo o algo similar, no lo dejaría pasar. Como castigo, le mandó limpiar toda la heladería y la obligó a cerrar.

El día todavía no había terminado para Greta, aún quedaba llegar a casa y ayudar a su madre.

-Ya estoy aquí.- Decía casi sin fuerzas.
-Greta ¿Por qué has tardado tanto? Llevo una hora intentando localizarte para que compraras arroz que se ha terminado... ¡No tenemos que cenar!
-Lo siento, mi móvil se quedó sin batería... Pero, ¿por que no has mandado a Carlos a comprarlo?
-Tu hermano tenía demasiados deberes, además está muy cansado.
-Mamá, yo también tengo deberes y en ese momento, estaba trabajando. Carlos no es un niño que ya tiene 15 años.
-¿Quieres seguir quejándote? En esta casa todos tenemos cosas que hacer, no te pienses que eres la única, así que, espabila y vete a comprar al 24h. Ese arroz, lo pagarás con tu dinero. -Gritaba enfadada.

Sin rechistar, Greta salió a comprar lo que su madre le había mandado. Cogió el arroz, y para ella, una chocolatina que agachó en el bolsillo de dentro del bolso, para que su madre no le echase en cara que gastaba dinero en cosas innecesarias.

Regresó con la compra y siguió ayudando a su mamá a hacer la sopa. Puso la mesa y esperó a que su padre llegara para poner la comida ya cocinada sobre el mantel de cuadros que tanto odiaba.
En su casa a la hora de la cena, casi no había conversación, pues su madre siempre le echaba en cara que si estaban en esa situación monetaria, era por culpa de Greta, por que se le había antojado seguir estudiando, y pagar sus estudios, era demasiado caro. Su padre creía que era bueno que siguiese con los estudios por que creía que ella podría hacerlos ricos si se esforzaba, y su hermano, simplemente hacía lo que su madre ordenaba, dejando a Greta como una mala hermana. En su casa, el único que parecía preocuparse por ella, era su padre, aun que analizando la situación, no era Greta la que le preocupaba, si no el dinero que esta pudiera traer a casa en un futuro. En esa familia, todo era malo por culpa de la avaricia.


Recogió la mesa, lavó los platos y terminó los deberes para el día siguiente.
Cuando Greta se acostó sobre la cama, se quedó dormida, aún vestida con el uniforme.

Continuará...



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¡Paz!




1 comentario:

  1. aaahhhhh me encanta!! por alguna razón me recuerda a un anime de estos juveniles de instituto! :P No dudes en avisarme del próximo capi!!!!

    Besitos guapi!

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