sábado, 18 de abril de 2015

Capítulos 4 y 5 "My love, don't cry!",

Cap4

Quizás hoy, sería uno de los días más relajados que tendría Greta, pues la jefa de la heladería le había dado el día libre por haber trabajado tanto el día anterior. Hoy volvía a tener Educación Física, pero esta vez no se había olvidado la ropa para cambiarse, y lo mejor de todo, es que podría ver a sus dos nuevos amigos.

Entró a clase calmada, viendo que llegaba a tiempo, se sentó en su sitio y se dedicó a garabatear en la libreta mientras no entraba la profesora de geografía.
Levantó su cabeza del papel cuando Ania entraba en clase agarrada de Max, y sus amigas iban detrás de ellos dos siguiéndolos como unas fieles perras, (lo que eran en realidad... perras).
Pasó de ellos, pero antes de que pudiera volver a lo suyo, alguien la saludó.

-Hola, buenos días Greta.- Era Eduardo, que se sentaba dos puestos más atrás que el de ella.
-Bu....buenos días.- Respondía tímida.

Era increíble lo que estaba cambiando su vida en tan solo dos días. Era bueno... demasiado bueno para ser cierto.

La maestra llegó pisando fuerte, pues nada más entrar por la puerta, lo primero que hizo fue poner la fecha del próximo examen que tendrían.
No es que fueran muy buenas noticias, por que la geografía, era una de las asignaturas hueso de Greta.

-Chicos, en dos semanas tendremos la prueba de todo lo que hemos dado hasta el día de hoy. Mañana empezaremos a repasar todo. Espero que estudiéis mucho, ya que será una prueba dura.- La profesora advertía de que el examen sería complicado.

-¡Genial! A ver de donde saco el tiempo para repasar todo.- Decía Greta para sí.

El timbre sonó, por lo que era hora del recreo.
Salieron corriendo todos del aula dirigiéndose al patio y a la cafetería. Greta cogió su bollo dulce, el zumo sabor tropical y el libro que estaba leyendo.
Se sentó en el banco de siempre en donde comenzaría un nuevo capítulo:

Layla, se sentía con fuerzas ya que sus dos mejores amigas habían decidido darle ánimos para conquistar a Henry. Hoy irían a la peluquería y de compras, para que Layla cambiara su imagen y así parecer una chica más dulce y sexy. Cuando el cambio exterior se hiciera realidad, irían a por el interior, y así hacer de ella una chica más segura para cuando llegase la hora de la confesión[...]”.

Greta estaba perdida ante las páginas de ese libro.

-Sabíamos que estarías aquí.- Decía Bruno.- Ya nos podías haber esperado en el pasillo, así ya veníamos juntos y no tendríamos que buscarte.
-¡Hola! Lo siento pero no estaba segura de si os apetecería estar conmigo hoy...
-Por supuesto que sí. Nosotros cumplimos lo que prometemos.- Isaac hablaba con firmeza.
-Bueno, ¿vas a contarme por fin de que trata ese libro? Por que cada vez que te veo leerlo estás absorta ante las palabras de la dichosa historia.

Greta les resumió de que trataba, al menos hasta donde ella había leído.

-Mmmmm me gusta la sinopsis... Parece bastante interesante y la protagonista me recuerda a alguien...- Isaac lo decía mirando a Bruno mientras ambos sonreían cómplices, en cambio Greta, no entendía muy bien lo que quería decir su nuevo amigo.

La sirena sonó para que los alumnos volvieran a sus aulas.
Greta se despidió de los chicos y cogió la mochila en donde tenía la ropa de deporte. Se dirigió a los vestuarios del pabellón, y allí se puso el chándal que parecía quedarle al menos dos tallas más grandes de la suya. Era muy delgada y aún encima su altura no era la de un titán precisamente.

Hoy no se quedarían en las canchas, si no que saldrían a fuera a correr, ya que estaban dando el tema de “El atletismo”.
Eso ya era lo que le faltaba a Greta, con lo cansada que estaba, tendría que correr hasta “echar el hígado”.

Iba en su elemento, corriendo a su ritmo, sin prisa, hasta que Ania, que era mala como el veneno, la empujó para que ésta tropezase. No pudo evitar la caída pues entre la cuesta abajo y la gravilla suelta, sus pies resbalaron dejándola tirada en el suelo.
-¡Mira por donde andas, idiota! Decía Ania mientras se reía junto con sus amigas.

-¿Estas bien?- Preguntaba Eduardo a Greta.
-Si, no te preocupes. Gracias por preguntar.- Ella sonreía, a pesar de que en realidad, lo que sentía eran ganas de llorar, y de pegarle a Ania.
Ésta se levantó, y Eduardo observó que la rodilla y el codo de Greta estaban sangrando.
-Tienes que ir a la enfermería o esas heridas podrían infectarse. Llamaremos al profesor y te acompañaré para que no vayas sola.
-No, de verdad que estoy bien. No hace falta...

Eduardo no la dejó hablar más y la agarró por la cintura, para que no apoyase demasiado el pié, que parecía que se lo había doblado también.

Max, que corría con ansia, se detuvo mirando la escena entre su amigo y la chica patosa. Le cabreaba que Edu fuese tan bueno. Era su mejor amigo, pero a veces lo odiaba por su buena disposición.


Edu y Greta, se dirigieron a la enfermería en donde la enfermera la curaba con especial cuidado y cariño. También vendó su pié con fuerza para que no se resintiera más de lo que lo estaba. No había sido nada grave, pero tendría que estar al menos una semana sin forzarse demasiado.

Las clases habían terminado y Eduardo salió a prisa al darse cuenta de que llegaba tarde a una reunión familiar. Se despidió de Greta deseando que se mejorara, y se marchó como el viento.


Greta también dejó la enfermería para dirigirse al pabellón a coger su ropa y poder marcharse por fin a casa.
Se dirigió al vestuario y se dio cuenta de que no estaba sola, pues escuchaba la ducha en el baño de los chicos.

El sonido del agua había parado, pues Max, que era el que se estaba duchando, había acabado. Estaba saliendo por fin del pabellón, cuando alguien lo llamaba al móvil.

-Edu, ¿Que pasa? ¿Por que me llamas ahora si hace solo un rato que nos vimos?
-Max, me he dejado la mochila con la ropa en la taquilla del vestuario, ¿podrías cogerla y traérmela hoy o mañana? Es que salí con tanta prisa que no me acordé de ir a por ella.- Eduardo llamaba a Max, pues sabía que siempre se duchaba en el instituto después de hacer ejercicio.

Max volvió a por las cosas de Eduardo, pero cuando iba a entrar, vio a Greta saliendo de los vestuarios de las chicas con el uniforme puesto y la ropa de deporte en un bolso.

-¿Que haces todavía aquí? Pensé que ya te habías ido, después del tropezón que te pegaste...
-He venido a cambiarme de ropa, pero ya me voy.- Contestó mientras caminaba dirigiéndose a la salida.

Cuando Greta llegó al portal e intentó abrirlo, no fue capaz. Quizás era por que estaba demasiado débil y sus brazos no podían con aquellas puertas gigantes de aluminio.
Ésta se sentó en una grada esperando a que Max tuviera que salir, para que fuese él, quien abriera la puerta.

-¿Que haces ahí sentada? ¿No estarás esperándome?
-No...bueno sí, pero es para que abras la puerta. Es que intenté hacerlo yo, pero no fui capaz...- Decía ella tímida.
-Dios, que inútil... ¿Pero en serio que no sabes ni abrir una puerta?

Max la intentó abrir con todas sus fuerzas, pero la cerradura no cedía. No era capaz de abrirla.

-¡Mierda! Nos hemos quedado encerrados.
-¿Que? No... No puede ser, pero...
-¿Que hora es?- Preguntaba el moreno.
-Las 18:00h...
-¡MIERDA!! A las 17:30h los conserjes cierran con llave todas las puertas. Y no puedo llamar a nadie, que mi móvil se acaba de quedar sin batería con la llamada de Edu...
-Yo... es que he dejado el móvil arriba en la taquilla...


El chico canela se estaba desesperando. No sabía que hacer. Se había quedado encerrado en aquel lugar, y para colmo, con Greta.


-¡Vale! No tenemos otra opción que esperar a que alguien nos eche en falta... Mis padres están de viaje pero digo yo que los tuyos...
-¡Olvídate!- Contestaba ella rotunda.- A mis padres les da igual en donde esté, solo les importa para que les haga la cena y el desayuno, o para limpiar la casa... el resto da igual.- La joven hablaba con pena haciendo que Max se quedase callado y pensativo.
-Pues esperaremos a ver si alguien se da cuenta de que no hemos vuelto... Dijo Max un poco más calmado de lo que estaba al principio.

Se dirigieron al despacho que tenía el profesor de Educación Física, pues hacía menos frío que en el resto del lugar. Además allí observaron que tenía una bolsa con fruta y una máquina de agua. Al menos no pasarían sed ni hambre.

Eran ya las diez de la noche, y todavía seguían allí. Nadie parecía reclamarlos.

-Estoy empezando a cansarme de estar aquí. ¡Que asco!- Se cabreaba el moreno.
Greta se asustaba cada vez que Max levantaba la voz, parecía querer pegar a alguien, y no había nadie más que ella en aquel habitáculo, por lo que eso la dejaba más nerviosa todavía.

-Creo... creo que lo mejor es que nos llevemos bien e intentemos apoyarnos, o esto podría acabar mal...- Greta hablaba siempre con la voz más baja de lo que debiera, pero no sentía la suficiente confianza para encarar al chico de la moto.

Max se quedó callado y decidió aceptar lo que su compañera de clase le pedía. Él también deseaba que la estancia allí fuese lo menos odiosa posible.

Cada vez, entraba más frío en el pequeño despacho, pues el calor de la calefacción, que ahora estaba apagada, se había consumido.

Las piernas desnudas de Greta estaba moradas, pues las medias no le llegaban más arriba de las rodillas y el tejido de la falda no calentaba lo suficiente.
-¿Tienes frío?- Preguntaba Max ofreciéndole la sudadera que tenía en su mochila.
-No, estoy bien.
-Además de patosa, mentirosa.- Max colocaba la sudadera sobre las piernas de la chica de una forma bastante bruta, casi lanzándosela.
-Gracias.- Sonrió levemente.

Ambos se quedaron sentados uno al lado del otro, prácticamente sin hablar, solo lanzándose miradas de reojo de vez en cuando, hasta que Greta, cayó rendida ante el cansancio y se quedó dormida.
Su cuerpo no se sostenía solo, por lo que automáticamente, se inclinó hacia Max acabando con su cabeza posada sobre el hombro de éste.

Max la observó con más calma, pues no temía que lo viese, ya que estaba dormida profunda.
Se fijó en su tez pálida y suave, en sus ojos cerrados por el sueño y su boca rosada. Quizás, esa chica, no era tan horrible como el pensaba...

Cerró sus ojos, e imitando a Greta, decidió dormirse mientras apoyaba su cabeza en la de ella.


Max comenzaba a despertarse y sentía un peso sobre su cuerpo. Su reacción fue exagerada cuando se vio acostado en el suelo con Greta apoyada sobre su pecho. Ésta, que había notado el movimiento brusco de su compañero, comenzó a despertar, dándose cuenta, al abrir los ojos por completo, que estaba sobre el moreno. Se levantó de un salto colocando bien su uniforme, estaba avergonzada por haber dormido sobre Max. Él había decidido seguir haciéndose el dormido.

-Mmmm...¿Que pasa?- Preguntaba éste frotando sus ojos como si acabara de despertar intentando disimular.
-¡Nada, no pasa nada! Solo que no recordaba que estábamos aquí y me asusté.- Mentía.

Max se sentaba y cogía una de las manzanas que había en la bolsa dándole un mordisco enorme.

-¿No tienes hambre?
-No mucha.- Las tripas de Greta comenzaban a sonar hambrientas, por lo que ella se ruborizó tapándose el estómago.

Max no pudo evitar reírse y le pasó una manzana.

Puede que el niño frío, no lo fuese tanto como ella pensaba. Ayer le había dado la sudadera para que se tapase y hoy le ofreció comida... Puede que aún haya algo de compasión en el interior de ese muchacho.


Cap5

Greta y Max seguían en el despacho del gimnasio, hasta que escucharon como alguien intentaba abrir la puerta.

Era Edu que bajaba a coger la mochila con sus cosas ya que Max no se las había dado. Éste se sorprendió al ver a aquellos dos en el suelo hablando con tranquilidad.

-¿Que hacéis aquí encerrados?- Preguntaba confuso.

Max se levantó de golpe dando un pequeño empujón a Greta intentando apartarla lo más lejos de su lado.
-Nos quedamos encerrados...- Respondía Max nervioso frotándose el pelo.
-Pues lo mejor, es que salgáis de aquí antes de que llegue el profesor.

Los chicos se apresuraban, pero Greta no podía correr demasiado deprisa, pues su pie todavía estaba dolido.

Max hizo el amago de ir a ayudarla, pero Eduardo fue más rápido y le tendía su brazo para que se agarrara a él. Max giró su cara poniendo una expresión de asco.

-Eres una lenta... ¿No sabes caminar sola que hasta tienen que ayudarte? Menuda inútil...
-Max, ¡basta! Tiene el pie lesionado. No seas así y espéranos.

Greta se sintió triste, pues pensaba que habiendo pasado con Max la experiencia de haberse quedado encerrados, su relación podría cambiar, y con ello, poder llevarse mejor. Pero ya vio que no fue así.

Consiguieron salir de allí sin que nadie los viese y Max se apresuró para que no lo relacionaran con Greta.

-No le hagas mucho caso, tiene mala leche, pero no es mal chico...- Decía Eduardo justificando a Max.
Greta asintió con la cabeza.

Subieron al aula y la clase todavía no había empezado. Tuvieron suerte ya que la profesora de matemáticas se retrasaba. Esa mujer nunca llegaba a tiempo a sus clases...

-Vaya vaya, pero si es la marginada y aun encima lisiada... creí que no aparecerías por aquí después de haber hecho el ridículo delante de toda la clase... -Baboseaba Ania desde el asiento de Max, pues estaba sentada sobre las piernas del moreno.

Greta se fue a su sitio, y sin hacer caso a la “pija”, sacó una libreta. No tenía el libro de Matemáticas, pues como no había ido a su casa, no pudo traerlo para la lección de hoy.

-¡Que asco! es que no la trago. Mira que cara de estúpida tiene, como si nunca hubiera roto un plato...esas mosquitas muertas son las peores...Por no hablar de las gafas de vieja y el pelo mal peinado.- Ania se quejaba a Max, pero éste parecía no hacerle demasiado caso.- Cariño, ¿me estás escuchando?
-¿Eh? ah.. si si...perdona es que me acordé de una cosa, pero no es nada.
Este la besó, y Ania se quedó más que satisfecha volviendo por fin a su sitio en la clase.

El tiempo pasó bastante rápido para Greta. Sonó el timbre para el descanso, pero estaba demasiado cansada para bajar al patio así que decidió quedarse en el aula para poder echar una cabezada. Se había quedado sola, hasta que Max entraba en el aula apresurado en su dirección.

-¡Eh, tu!- Decía señalándola.
-¿Que?
-Que no se te ocurra contar lo que ha pasado en el gimnasio... Tu y yo, NO nos hablamos. ¿Entendiste?-Puntualizó- Además, no te soporto, y si por casualidad ayer fui amable, era para que no fuera más difícil de lo que era el habernos quedado encerrados. Así que no te hagas ilusiones...

Greta simplemente asintió con la cabeza. Ya le parecía demasiado bueno el que Max también se hubiera puesto de su parte. Estaba claro que eso no pasaría.

Cuando regresaron todos a clase después del descanso, el tutor llegó para darles una noticia.

-Chicos, solo quiero informaros de que se aplazará el examen de geografía que os han puesto ayer, ya que el día en el que estaba previsto, tenemos una excursión. Será una acampada para analizar el entorno natural y así después hacer un trabajo sobre ello. Más adelante, formaremos los equipos, pero por ahora, id contando con que tenéis que preparar equipaje por que serán dos días y una noche.

Los alumnos empezaron a festejar la excursión y sobre todo el cambio del examen tan difícil que les había puesto la de geografía.
A Greta no es que le hiciera ilusión la excursión, pero como el resto, se alegraba de no tener que estudiar para ese día.

Hoy no había visto a Bruno y a Isaac en todo el día, pero esperaba encontrarse con ellos en la salida.

Las clases finalizaron por lo que salió de allí lo más rápido que su pie enfermo le dejaba.

-¡Gretaaaaa!!- Gritaba Bruno emocionado moviendo sus manos frenéticamente.
-Hola Bruno, ¿como ha ido el día?
-Muy bien, ¿y a ti que te ha pasado que andas coja?
-Me caí ayer en clase de atletismo, pero no es nada grave así que no te preocupes.

Isaac llegaba con compañía. Venía con tres chicos. Eran un año mayor que ellos, pero se llevaban muy bien igualmente y querían presentárselos a Sunmi.

-Greta, quiero presentarte a nuestros colegas.- Decía Isaac dispuesto a presentarle a cada uno.- Este es Thomas, que a pesar de su imagen aterradora, es como un osito panda. Este es Andreas, tan amable que no podrás resistirte a sus encantos, y por último, Eloy, el despistado del grupo. Te aviso que si este te ve y no te saluda, sea probablemente por que no se acuerda de tu cara...es lo habitual.

Greta se presentó y los chicos la saludaron amablemente.

-Bueno, para la semana conocerás al último miembro de nuestro grupo, Leo. Lo que pasa es que fue de erasmus a Estados Unidos y no llega hasta el lunes que viene.

-¿Quien se fue de erasmus?- Preguntaba Eloy sorprendido.
-Leooooo- Decía Andreas cansado de tener que recordáselo cada dos por tres.
-¡Ahhh! ¡Es verdad!! Nunca me acuerdo...
-Eloy, no entiendo como consigues sobrevivir con ese cerebro de pez que tienes- Le decía Thomas.
-Jo tíos, lo siento. Lo que pasa es que se me fue la olla... Y hablando de olla... Me voy corriendo a casa que prometí a mi abuela ayudarle con la compra...- Chaooo nos vemos. Encantado de conocerte Petra.
-¡Es Greta!- Corregía Isaac a su amigo.
-¡Ah eso!, Greta.-Dijo marchándose.
-¿Que tendrá que ver ayudar a su abuela en la compra, con la palabra “olla”?- Andreas se reía de los olvidos de su amigo. Era demasiado gracioso, y aun que no lo aparentaba, también era muy inteligente.

Se despidieron todos y Greta se fue a casa ayudada por Bruno, pues Isaac tenía que hacer unos recados con Andreas y Thomas.

Ésta invitó a Bruno a entrar para agradecerle que la hubiese acompañado, pero él dijo que mejor otro día, pues tenía prisa.

Cuando entró, vio que su hermano estaba estudiando con una niña muy mona.

-Hola Carlos. Hola amiga de Carlos- Saludaba Greta sonriendo.
-¿Eres tonta? Se llama Dana, y va a pensar que eres retrasada saludando así.
-No te pongas tonto conmigo solo por que tengas visita ¡eh!...- Le regañaba ella.
-Hola, soy Dana, encantada hermana de Carlos.- Parecía que a la amiga del hermano de Greta le había hecho gracia la forma de saludarla.

Carlos se quedó avergonzado por haber dicho aquello antes y se disculpó para quedar bien con su amiguita.

Greta les preparó una merienda muy rica, mientras ellos seguían estudiando.
A Dana le estaba cayendo muy bien Greta, pues bromeaba con ella y le de daba un bonito trato, todo lo contrario a Carlos, que parecía temerla y no era capaz de ser educado y ofrecer ni un simple vaso de agua.

Cuando terminaron de hacer sus deberes, Greta invitó a Dana a cenar y prometió acompañarla a su casa para que no tuviese que ir ella sola de noche.

-Muchas gracias, pero no hace falta que me invites a cenar. Mi hermano dijo que vendría por mí a las nueve. Eres muy amable.- Dijo la niña sonriente.
-Insisto, deberías quedarte.
-Greta, no insistas, si te dice que no puede es que no puede. ¡Ai! Eres una pesada.- Decía su madre desde la cocina mientras preparaba la cena.
-Bueno, pues otro día te quedas, Dana, que me has caído muy bien.
-Lo mismo digo Greta.- Dijo abrazando a la mayor.

Carlos las observaba detenidamente, intentando captar como actuaba su hermana para agradar tanto a Dana. Parecía que a Carlos, le gustaba esa chica como algo más que su amiga...

El timbre sonó.

-Greta, abre la puerta que debe de ser el hermano de Dana.
-Ahora no puedo, espera.
-¡Aiiiiish! Ya voy yo, ni te molestes en venir ya...

Su madre se dirigió hacia la puerta para abrirla, y cuando vio el buen aspecto que tenía el hermano de Dana, lo invitó a pasar. Parece que se olía que el chico tenía dinero y por eso su madre era tan amable con el a pesar de ser un desconocido. No dudó en invitarlo a cenar.

-Muchas gracias señora, pero debo rechazar su oferta, no quisiera molestar.- El chico era muy educado.
-¡Porfii porfiiii! Hermanito, si me dejas cenar aquí te lo agradeceré por toda mi vida. Ya me habían invitado antes pero ahora que tu también lo estás no tenemos por que rechazar la invitación...

Su hermano accedió por su hermana, pues a esta parecía hacerle mucha ilusión cenar en aquella casa.

-Parece que te llevas muy bien con tu amigo. Lo digo por que tienes tantas ganas de quedarte...
-Si bueno, pero es también por que me hice amiga de su hermana, que da la casualidad que es de tu edad. Es muy buena y divertida, te va a encantar.
-Si tu lo dices...- Decía sonriente mientras acariciaba el pelo de su hermana menor.

Greta terminó con lo que estaba haciendo y decidió ir hacia el comedor, pues el olor a comida le estaba abriendo el apetito.

Estaba entrando en la sala cuando se le acercó Dana agarrándola del brazo y tirando de ella para presentarle a su hermano mayor.
A Greta parecía que le iba a dar algo cuando vio quien era el hermano de Dana.

-Te presento a mi hermano. Se llama Max.

Era aquel que ya conocía... ¿como podría darse la casualidad de que el hermano de aquella hermosa y educada niña, fuese el mismo Max Lewis, imbécil y nacisista de su clase?

A Max también le había tomado por sorpresa encontrar a Greta en esa casa...

Pareciera que ambos se habían puesto de acuerdo, pues decidieron saludarse como si no se conocieran, como si esa, fuera la primera vez que se habían visto en toda su vida.



Continuará...


NOTA FINAL: ¿Que os ha parecido? Como siempre, espero que me deis opinión. Ojalá os vaya gustando y disfrutéis mientras lo vais leyendo. 


PAZ!

lunes, 13 de abril de 2015

Capítulos 2 y 3. "My love, don't cry!",


Cap2

Se sentía demasiado decaída para levantarse en el día de hoy. Greta, tenía clase más tarde de lo habitual, pues el día anterior, la profesora de matemáticas había advertido que no podría asistir.
Se sentó sobre la cama hecha del día anterior, la cual parecía que no había dormido en ella. Todavía tenía su uniforme puesto, pero debía cambiarlo por la otra muda que tenía, pues el que llevaba encima, estaba manchado de salsa que su hermano le había derramado en la blusa por accidente.

Se metió bajo la ducha, recordando con desgana que tenia que ir a clase y ver a todos los indeseables que tenía cerca.
Notaba como el agua resbalaba por su espalda mientras se lavaba el pelo. Para ella, el simple sonido de las gotas de agua chocando con el plato de ducha, eran como una melodía que la hacía evadirse de todos sus problemas.

Salió rodeando su cuerpo desnudo con una toalla para secarse, y así, poder poner de nuevo la ropa limpia.

Cuando bajó había una nota sobre la mesa:

-Me parece increíble que por que tu no tuvieras clase, no te levantaras para hacer el desayuno para el resto que trabajamos... Las sobras de ayer de la cena, no son suficientes para un buen desayuno. Que no se repita esto de nuevo.

Su madre le dejó bien claro que era ella la que tenía ese trabajo en casa.
Greta, ni si quiera tenía hambre, solo se tomó unas galletas y un vaso de zumo bebido a prisa. Esta vez, tenía todo el tiempo del mundo para llegar temprano a clase, pero aún así, salió de casa apurada. Era la costumbre...
Se paró ante un puesto de bollos dulces en donde compró uno para tomar a media mañana por si tenía hambre.

Entró al aula tranquila sabiendo que llegaba temprano. Pronto comenzó a llegar más gente cubriendo poco a poco los asientos que estaban vacíos cuando ella había llegado.
Sacó su libro y libreta de Historia, y comenzó a pasar algún apunte a limpio mientras el profesor no llegaba. Para sorpresa de muchos, vieron que era el tutor del curso el que venía y no el profesor de Historia.

-Buenos días chicos, vengo a avisaros antes de la clase del profesor Chals, que se incorporará un nuevo alumno.- Decía el profesor mientras buscaba el nombre del nuevo individuo en la lista.- ¡Ah, aquí está!-Musitaba.- Lewis, puedes pasar a clase, no te quedes en la puerta.

El chico entró a pasos lentos poniéndose enfrente de la pizarra para presentarse.

-Hola a todos, soy Max Lewis. -Dijo mientras se inclinaba por respeto.

Greta no se podía creer lo que estaban viendo sus ojos, a lo mejor no era cierto y todavía estaba dormida, o mejor aún, se lo estaba imaginando todo...
Pues no, era cierto. El chico nuevo de su clase, el tal Max Lewis, era el muchacho de la moto y lo que era peor, el novio de Ania.

Al verle, presintió que este curso, iba a ser todavía más difícil de lo que ya era.
Max se sentó en el único espacio libre que había, que para colmo estaba en diagonal a Greta.
Max, se acomodó dejando caer su mochila en el suelo, para así, buscar los libros que necesitaba para la clase que tenían a continuación.
El profesor, no conseguía dar la clase con normalidad, pues muchas de las chicas se emocionaban y cuchicheaban por tener a un chico tan guapo en su clase. Pero pronto Ania, les hizo saber que era de su propiedad y que quedaba prohibido tocarlo o incluso mirarlo. Esta chica, se creía demasiado superior al resto, y eso era lo que hacía que a muchos les cayera mal, aun que nadie lo decía, pues era popular y tenía suficiente dinero como para presumir. Como toda “abeja reina”, tenía otras dos fieles amigas que la seguían a todas partes y hacían lo que ella quería.

Todos los viernes, a Greta le tocaba ser delegada de clase, pues era el día en el que todos querían salir antes, para así, irse de fiesta antes del fin de semana. Ella era la denominada “pringada” de clase por que tenía que aceptar al ser elegida para ese día por la mayoría de alumnos.
Se quedó después de las clases para recoger los cuadernos con los deberes y llevarlos al despacho del profesor. Pero no era ella la única que se encontraba en el aula, Max también estaba allí, pues el tutor había obligado a Greta a que le enseñase las instalaciones como delegada que era.

-¡Maldición! Justo tuvo que ser hoy cuando tenía que venir este...-Se quejaba en sus adentros.

-Hagamos esto más sencillo. Decimos que me has enseñado las instalaciones y el funcionamiento de la clase, pero en realidad, me voy, y así ninguno de los dos tenemos por que pasar por esta mierda toda. Por que supongo que a ti tampoco te hará mucha gracia esto...- Decía Max mientras metía sus cosas en la mochila sin mirar a Greta.
-Está bien, pero por lo menos creo que debería explicarte un poco por que temarios vamos o que deberes hay para lunes... si no los traes nos echaran la bronca a ambos.
-Ya me buscaré la vida por eso, así que no te preocupes y métete en tus asuntos.
-No es por nada, pero creo que es asunto mio el intentar librarme de un castigo seguro por no enseñarte esto.
-No sé si entendiste bien lo que te dije, pero me da lo mismo, así que ya preguntaré a otros los trabajos del lunes.

Greta no insistió más, pues veía que no llegaba a ningún sitio discutiendo con el moreno.

Terminó las tareas que tenía y se fue del instituto. Hoy, no tenía que ir a la heladería ya que la habían cerrado toda la tarde para reformar un poco la decoración del local.
Pero cuando iba por el camino, Bruno, un chico de la clase de al lado, la paró preguntando quien era el chico nuevo de su aula.

-Pues solo sé que se llama Max Lewis...
-Vaya, es que dicen que ese chico, que es el famoso Maximilian Lewis, y si es él, el tío está forrado. Bueno, no tanto como Ciro...- Hizo una pausa.- Me voy. ¡Que tengas buen fin de semana!- Se marchaba agitando su mano en forma de saludo.

Puede que Bruno junto con Isaac, fueran los chicos más amables de toda la escuela, ya que nunca se habían metido con Greta, y a diferencia del resto, la saludaban y le hablaban sin añadir ningún insulto a la frase que pronunciaban. Pero no lo hacían por que fuesen amigos, si no por que ellos, eran así, alegres, divertidos y sociables.

Greta, antes de ir a casa, pasó por la biblioteca a coger algún libro para entretenerse en los recreos del instituto. Normalmente, ella solía estar sola, así que lo mejor para distraerse, era leer alguna historia mientras se tomaba su merienda de media mañana.
Le llamó la atención el título de uno en especial, “My love, don't cry”. Leyó la sinopsis y vio que había escogido el mejor, pues trataba de una chica normal que luchaba por el amor de su vida, aún sabiendo que él, era imposible para ella. Puede que hubiera escogido ese libro por que en el fondo, ella sabía que si se enamoraba de algún chico, con su apariencia y con su cartera vacía, no podría hacer nada para que éste se fijase en ella.

Sintió un gran alivio al llegar a su casa, pues no había nadie y así podría descansar un poco.
Se acostó sobre la cama y pensó de nuevo si debía dormir, pero fue entonces cuando recordó la nota que su madre le había dejado por la mañana, así que, se levantó y dejó la cena preparada para cuando los glotones de la casa llegasen, tuvieran todo listo y no pudieran protestar.

Hizo sus deberes y se metió entre las sábanas por fin. Quería dormir, pero lo que había pasado en la escuela, la había desvelado.

-Max...-Pensaba. - Max Lewis.- Volvía a repetir la voz en su cabeza. - ¡Maldito bastardo engreído!

No dudó en insultar a su nuevo compañero, ya que él había sido un auténtico maleducado con ella, aun que Greta, ya estaba más que acostumbrada a que la tratasen con frialdad.
Ahora solo tenía que tranquilizarse y pensar que a lo mejor, él pasaría de ella y no la insultaría como lo hacía Ania. Lo mejor que le podría pasar en estos momentos, sería que la ignorasen. Era más fácil el no existir, que el ser el blanco principal de Ania, sus esbirros y su novio.


Cap3

Como cada mañana, Greta bajaba la cuesta de su casa corriendo, para no llegar tarde de nuevo al instituto. Llegó a tiempo y eso la tranquilizó, hasta que recordó que le habían cambiado la clase de Educación Física a primera hora y ¡se había olvidado el chándal y las zapatillas! Por una vez que llegaba temprano...
Ya no le daba tiempo a volver para recoger la ropa, así que decidió hablar con el profesor. Éste la dejó asistir al pabellón pero no sin librarse de un castigo. Al terminar la clase, tuvo que quedarse a recoger el material.
Guardó los balones y los conos que estaban desperdigados por toda la cancha. Cuando terminó, cerró la puerta del almacén con llave, pero no pudo evitar el acercarse al vestuario de los chicos cuando escuchó ruidos en él. Se acercó cautelosamente, por si acaso. Se asomó por la puerta, y no pudo evitar sorprenderse cuando vio a Ania liándose con Chris, el capitán del equipo de baloncesto.
Salió del lugar como un rayo para que Ania no viera que los había pillado, o ésta podría hacerle más daño del que habitualmente le hacía ya.

Greta caminaba rápido mirando como se movían sus pies a cada paso fugaz que daba. Iba directa a la cafetería cuando chocó con un pecho duro y musculado. Su cara se empalideció al ver que se trataba de Max acompañado de Ciro y Nico, dos de sus amigos.

-Lo... Lo siento mucho.- Dijo en un hilo de voz. No podía mirarlo a los ojos después de haber visto a su novia besándose con Chris.
-¿Por que siempre que me encuentro contigo tiene que ser chocando por culpa de tu patosidad?-Respondía él con el ceño fruncido.
-No volverá a pasar.- Greta se inclinaba a modo de disculpa y esquivó al moreno para no tener que seguir discutiendo con el.

-Oye tío, ¿Quien es esa chica y de que la conoces?- Preguntaba Ciro curioso.
-Es una de mi clase, no sé más información aparte de que es un desastre que tropieza hasta con su sombra. Pero, ¿Por que lo preguntas?
-No sé... Parece mona ¿no?
-Con la pasta que tienes y ¿ todavía no has conseguido cambiar esas gafas?- Decía Max irónico a su amigo rico.
-A mi no es que me parezca mona... pero sí es interesante.- Nico había decidido opinar sobre la apariencia de Greta. Era raro que lo hiciese, pues era un chico bastante frío y no solía decir así como así lo que pensaba.
-Yo lo único que veo, es que es un estorbo...
Max parecía un chico sin sentimientos hablando así de duro. Puede que el estar tanto tiempo con Ania, le haya afectado, o quizás siempre fue un imbécil...

Greta salía de la cafetería con un zumo de frutos del bosque. Se notaba que estaba sedienta, pues en menos de un minuto, se había acabado todo el cartón. Se dirigió hacia el patio. Hoy no hacía mucho sol, pero al menos no llovía. Se sentó en uno de los bancos y comenzó a leer el libro que había cogido en la biblioteca.

En una mañana de invierno, en el que el cielo era gris oscuro, Layla, una chica no reconocida en su escuela, ya que nadie se fijaba en ella, se dirigía al instituto más feliz de lo normal. Su pelo negro y su uniforme más largo que el del resto de chicas, hacían que los chicos sintieran que era invisible y las chicas le tuvieran miedo. Pero había alguien, a quien quería impresionar, Henry, un moreno de ojos color miel que hacía que el corazón de Layla palpitase cada día. Por él, había decidido empezar a cambiar, con la ayuda de sus dos amigas Amy y Sunny.[...]”

Greta leía con tanta concentración, que no se había dado cuenta que el chico con la sonrisa más grande que había visto en toda su vida, estaba sentado a su lado mirándola.

-¿Que estás leyendo tan concentrada?
-¿Eh? Ahh.. emm pues un libro.- Contestó ella.
-Ya, bueno eso ya lo veo. Me refiero de que va. Parece interesante...
Era Bruno, el chico de la clase de al lado. Siempre estaba feliz y bromeando con todo el mundo.

-Pero... ¿por que hablas conmigo?
Bruno no pudo evitar reírse por la pregunta que le había hecho la chica.
-¿Acaso no puedo hablar con la gente?
-No me refiero a eso, lo que quiero decir es que si no te da miedo que te vean hablar conmigo.
-¿Por que? ¿No me digas que eres un fantasma?o...¿quizás un vampiro?

Greta sonrió ante las preguntas absurdas de Bruno.
Pronto llegó otro chico que deslumbraba alegría al igual que su amigo. Era Isaac. Esos dos eran inseparables pues tenían ambos una actitud positiva, y eso los unía muchísimo.

-Bruno te he estado buscando. ¿Que haces molestando a esta chica?
-No la estoy molestando, me estaba contando que era un fantasma. ¿O era un vampiro?

Greta se carcajeaba y su estomago dolía de tanto inclinarse por la risa.

-No soy nada de eso. Simplemente, no entiendo como puedes hablar conmigo así cuando nadie lo hace. Si se dirigen a mí suele ser para insultarme o para pedirme los deberes o material escolar...
-Puedes estar tranquila que nosotros no somos así- Contestaba Isaac amablemente.
-Nosotros molamos. De hecho puedes unirte a nosotros y ser nuestra amiga. ¿Verdad Isaac?
-Por supuesto. Cuantos más, mejor.

Greta estaba alucinada. No podía creer que esos dos chicos, con lo populares que eran, decidieran entablar amistad con ella, la marginada del siglo. Greta respondió animadamente diciendo que se sentía feliz pero que no quería interferir en sus vidas, algo que a los chicos les pareció absurdo.

-No hay escusas que valgan, así que cuenta con que mañana estaremos dándote la brasa de nuevo.- Bruno no podía evitar ser amable.
Isaac asintió dejando ver que a él también le gustaría que se uniera a ellos.

El timbre sonó, por lo que tuvieron que volver a las clases separándose en el pasillo para dirigirse cada uno a su aula.

El día de hoy, estaba siendo bastante bueno para Greta. Nunca se había sentido tan feliz dentro de aquel edificio. Siempre estaba sola, algo que a partir de ahora, empezaría a cambiar gracias a los dos chicos de la clase contigua a la suya.

Todo cambiaba al entrar a su clase y ver que estaba en ella Ania con sus amiguitas y Max, su novio. No quería que su felicidad fuera esfumada, pero al ver a su mayor enemiga, no dudó en recordar la escena que había visto en el vestuario. Miró de reojo, y vio como Chris hablaba con Max como si nada. No entendía como tenía la cara de hablar como si fuesen super amigos después de haberse liado con la novia de este. Todo era falsedad en aquellas cuatro paredes. No había nada ni nadie, que mereciera la pena en aquel lugar. Solo le quedaba pensar en que al otro lado de la puerta, estaban su dos nuevos amigos y así, podría tranquilizarse.

Sonó el timbre de fin de las clases. Greta cogió su mochila y se apresuró hacia la heladería. Hoy tenían trabajo, pues habían estado todo el fin de semana redecorándola y esta tarde, abrían de nuevo sus puertas.

Greta atendía a los clientes con una gran sonrisa. Normalmente aparentaba estar alegre aun que hoy, no le hacía falta fingir pues estaba feliz de verdad.
Estaba en la barra, limpiaba las mesas de los clientes que se habían ido, atendía a otros nuevos que llegaban y subía y bajaba al almacén cada vez que necesitaban nueva mercancía. Estaba muy activa y eso era bueno, ya que la jefa veía lo mucho que se esforzaba y trabajaba.

La puerta se abrió, y un grupo de chicos se sentaron en una de las mesas. Greta se acercó para atenderlos pero su cara sonriente cambió a otra de asombro al ver que eran Max con Ciro, Nico, Chris, Eduardo y Josep.

-Buenas tardes, ¿que desean tomar?- Greta no podía evitar jugar con la libreta de notas, por que ese grupo la ponía bastante nerviosa, y más aún recordando el escándalo con Max la última vez que estuvo allí.

-Yo quiero un helado de kiwi tamaño gigante- Pedía Josep.
-Para mí uno de wisky con nata tamaño normal-Seguía Chris pidiendo una de las combinaciones de helados más rara que había oído.
Ciro pidió un té con leche, Nico un bollo de chocolate, Eduardo un helado de vainilla y Max...

-Un café- Dijo mirando la carta de productos sin alzar su vista en ningún momento.

Greta tomó nota de todo y pidió a su compañera Liss que le ayudase con esa mesa, ya que ella puso como escusa que no se empezaba a sentir bien.

Liss llevó las copas de helados por que eran más pesadas dejando a Greta con los líquidos y el bollo para Nico.
La gracia de pedir ayuda disminuyó al ver que no se libraría de tener que servir al insensible de Max.

Dejó las tazas sobre la mesa con una sonrisa más que fingida y escapó de allí para atender a otros clientes que llegaban pidiendo consumiciones.

-Pues sí que es mona la chica esta, sobre todo con ese uniforme.- Decía Ciro.
-Hombre, la niña, es cierto que tiene buenas piernas, pero nunca las deja ver en clase por que siempre va con la falda casi por las rodillas...- Contestaba Chris baboseando un poco.- De todos modos, es una marginada...
-Es marginada, por que la marginamos los de clase.- Respondía Eduardo.- No creo que sea mala chica, si no, solo hay que ver como trabaja.- Todos la observaron con atención después de su comentario, incluido Max.- No entiendo como es capaz de sonreír así con lo mal tratada que es... Me da pena. Podíamos...
-¡BASTA! No quiero escuchar mas idioteces Edu - Solo Max le llamaba “Edu” a Eduardo.

Nadie se atrevió a comentar nada más después de que Max mandara cerrar el pico a Eduardo.

Tomaron lo que habían pedido mientras hablaban de temas que solo le podían interesar a ese grupito de niños ricos, y de vez en cuando, alguno de ellos alzaba la vista para mirar a Greta. Max, era el que más la observaba sin saber muy bien el por qué, pues ella solo le transmitía rabia y al mismo tiempo indiferencia por lo patosa que podía llegar a ser.
Acabaron sus dulces y se acercaron a la barra para pagar. En ese momento, era Greta la que los debía atender, pues Liss estaba ocupada con una de las mesas de la terraza. Cobró a todos y cada uno de ellos, y el último en pagar, fue Eduardo, que sin que el resto se diese cuenta, le dejaba propina a Greta dándole las gracias por el trato.

Realmente, el día de hoy había sido demasiado bueno para ella. Primero el acercamiento de Bruno e Isaac, y ahora, el trato amable de Eduardo, uno de los del grupo de los ricos de clase.

Puede que la suerte de Greta, vaya cambiando poco a poco.


Continuará...




NOTA: ¿Que os va pareciendo? Contadme cositas, si os gusta, si no, que esperáis que pase... no sé lo que queráis. Ya sabéis que los que no tenéis Blog podéis comentar en FB. 


¡Paz!






viernes, 10 de abril de 2015

Prólogo y 1er Cap: "My Love don't cry!"

Prólogo

Los continuos abusos que recibía por parte de los de su alrededor, hacían que Greta Miller, odiara su vida. Todo era insignificante para ella, no valoraba nada, pues eso, era lo que tenía... NADA.
Ir al instituto, era un suplicio cada día. No tenía amigos reales, solo un par de personas le dirigían la palabra, pero simplemente, para pedirle apuntes. El resto de estudiantes, la insultaban o simplemente, la ignoraban.
Su familia, no tenía mucho dinero, por lo que ella, tenía que hacerse cargo de sí misma trabajando después de las clases.
Llegaba cansada después de un día duro, y aún así, tenía que ayudar a su madre a hacer la cena o a su hermano pequeño con los deberes. El tiempo que poseía para ella, era mínimo, pues también debía hacer sus trabajos para el instituto.

Su día a día, era absurdo, hasta que conoció a Max Lewis...

Un joven misterioso, al que todos temían, pero que al mismo tiempo, era popular, pues su belleza era única y su familia rica. Todas las chicas lo perseguían a pesar de que éste, ya tuviera novia. Una de esas pijas que creen que son refinadas, pero que en el fondo, son lo más bruto del mundo, una chica que no dejaba pasar un insulto hacia cualquiera que no le agradase, si la ocasión lo permitía.
Greta, tenía que aguantar las burlas de la novia de Max a todas horas, pues estaban juntas en clase.
Pero por alguna razón, la vida de Greta comenzó a cambiar, haciendo que ésta, quisiera luchar por su vida e intentar alcanzar todo lo que quería tener consigo, y sobre todo, quería que Max la amase, como ella lo amaba a él.




Cap1

Como todas las mañanas, el despertador de Greta sonó a las 6, haciendo que el cuerpo, todavía cansado de la joven, rodara por toda la cama enrollándose entre las mantas mientras intentaba levantarse.
Su obligación, era tener listo el desayuno para sus padres y para su hermano, para que estos simplemente tuvieran que calentarlo.
Salió como un rayo, al darse cuenta, de que se le había pasado la hora por haberse quedado dormida sobre la taza de leche con cereales.
Bajaba corriendo la cuesta que estaba enfrente de su casa mientras acomodaba la pajarita de su uniforme y abrochaba la chaqueta de este. No debía volver a llegar tarde, o avisarían a su casa, y eso, no sería bueno...

No cogería el metro, pues necesitaba el dinero para el almuerzo y no quería gastar más de la cuenta, más bien, no podía permitírselo.
Corría con la máxima rapidez que le dejaban sus piernas, y en su respiración, se notaba el cansancio por el esfuerzo. Estaba tan distraída pensando en su mayor objetivo, “Llegar a tiempo”, que no vio a aquel chico que cruzaba en moto. No se llevó a Greta por delante, ¡de milagro!
El joven paró en seco y se quitó el casco gritando a la chica que se hallaba en el suelo tirada, con su mochila abierta y sus libros desperdigados por toda la carretera.

-¿Eres idiota? ¿No tienes ojos en la cara?- Dijo el chico sacando su casco.
-Lo siento, pero es que llegaba tarde y no te vi venir. Perdona.- Susurraba Greta intentando recoger sus cosas para volver a iniciar su ruta.
-Pues por culpa de tu despiste, casi provocas un accidente. ¡Joder!, si es que no me extraña que ni me vieses, con esas gafas de vieja y los pelos delante de los ojos...

Aquel chico había sido un maleducado de primera. No preguntó si ella estaba bien o simplemente le ayudó a recoger el desastre del suelo, NO. Se había dedicado a insultarla, como el resto del mundo.

Todavía no sabía como lo hizo, pero logró llegar a clase por los pelos.

-Señorita Miller, siéntese en su asiento. Estaba a punto de cerrar la puerta, esta vez, ha tenido suerte.
-¡Si profesora! Gracias...

Todos la miraban de reojo, sobre todo la mayor pija idiota y asquerosa de todo el universo, Ania.

Las horas pasaron lentas, como siempre. Cuando por fin sonó el estruendoso timbre, todos salieron de un suspiro de aquellas cuatro paredes, excepto Greta, que se había quedado dormida encima del libro de Alemán.
Una mano, abalanzaba el cuerpo de Greta intentando despertarla.

-Señorita, señorita... disculpe, debe salir para que podamos cerrar el aula.
-¿Que..? -Decía ella todavía frotando sus ojos dormidos...
-Son las cinco y media de la tarde...lleva aquí casi una hora...-Decía la conserje que quería despejar la zona para cerrar con llave.

Greta cogió sus cosas percatándose de que como no apurase, la despedirían de la heladería, pues quedaba media hora para que le tocase ir a cubrir su turno como camarera.

Definitivamente, este no era su día. Tuvo que volver a correr hasta llegar a su trabajo de medio tiempo. No quedaban ni cinco minutos cuando terminó de alistarse para continuar el turno de la anterior camarera.

Parece que la heladería, era el único lugar en el que se sentía a gusto, pues se distraía hablando con los clientes o con las compañeras de trabajo. También era el único lugar en donde parecían apreciarla.
Greta limpió las mesas que habían dejado vacías, y luego, fue al almacén a por más helado de frambuesa que ya se había acabado y necesitaban reponerlo. Era el más codiciado por lo rico que estaba.

Cuando volvió de vuelta, la encargada le ordenó que atendiera la mesa número 3, ya que habían llegado unos nuevos clientes. Greta cogió la libreta de anotaciones y se acercó.

-Buenas tardes, ¿cual es su pedido?- Dijo sonriente.
Pronto cambió su cara cuando la clienta se giró. Era Ania con un chico moreno y guapo de expresión seria. No tardó medio segundo en darse cuenta que aquel muchacho, era con el que se había tropezado aquella mañana.

-Vaya, ¿pero a quien tenemos aquí? ¡A la perdedora del instituto... Greta Miller!- Decía Ania.
-¿Que desea tomar? -Repitió Greta con una sonrisa fingida en su rostro.
-Mmmm. Pues déjame pensar... Quiero un helado de nata, frambuesa y chocolate.-Pedía mirando la carta- ¿Y tu cariño?-Decía refiriéndose al chico.
-Solo un café.

Greta tomó nota y cogió todo lo que la mesa 3 le había pedido.

Cuando ésta se acercó con el helado y el café, la odiosa de su enemiga le puso el pié para que Greta tropezase.
Ésta, no pudo esquivar la pierna de Ania y se cayó de bruces manchando la falda y el pantalón de sus clientes.
No cabe imaginar, el escándalo que se armó allí.

-¡Esto es inadmisible! ¿Como una camarera no puede saber por donde anda cuando lleva una bandeja en su mano? ¡Quiero la hoja de reclamaciones!- Pedía Ania disgustada, o al menos, fingiendo que lo estaba.
-Esto es un desastre...-Musitó el joven.
-Max, vámonos de este sitio.

Ambos se fueron dejando a Greta en el suelo limpiando, mientras su jefa le reñía por no mirar donde ponía sus pies y recordándola que el cliente era lo más importante.

Había tenido suerte de que no la despidieran, pero la jefa, le advirtió que como volviese a pasar lo mismo o algo similar, no lo dejaría pasar. Como castigo, le mandó limpiar toda la heladería y la obligó a cerrar.

El día todavía no había terminado para Greta, aún quedaba llegar a casa y ayudar a su madre.

-Ya estoy aquí.- Decía casi sin fuerzas.
-Greta ¿Por qué has tardado tanto? Llevo una hora intentando localizarte para que compraras arroz que se ha terminado... ¡No tenemos que cenar!
-Lo siento, mi móvil se quedó sin batería... Pero, ¿por que no has mandado a Carlos a comprarlo?
-Tu hermano tenía demasiados deberes, además está muy cansado.
-Mamá, yo también tengo deberes y en ese momento, estaba trabajando. Carlos no es un niño que ya tiene 15 años.
-¿Quieres seguir quejándote? En esta casa todos tenemos cosas que hacer, no te pienses que eres la única, así que, espabila y vete a comprar al 24h. Ese arroz, lo pagarás con tu dinero. -Gritaba enfadada.

Sin rechistar, Greta salió a comprar lo que su madre le había mandado. Cogió el arroz, y para ella, una chocolatina que agachó en el bolsillo de dentro del bolso, para que su madre no le echase en cara que gastaba dinero en cosas innecesarias.

Regresó con la compra y siguió ayudando a su mamá a hacer la sopa. Puso la mesa y esperó a que su padre llegara para poner la comida ya cocinada sobre el mantel de cuadros que tanto odiaba.
En su casa a la hora de la cena, casi no había conversación, pues su madre siempre le echaba en cara que si estaban en esa situación monetaria, era por culpa de Greta, por que se le había antojado seguir estudiando, y pagar sus estudios, era demasiado caro. Su padre creía que era bueno que siguiese con los estudios por que creía que ella podría hacerlos ricos si se esforzaba, y su hermano, simplemente hacía lo que su madre ordenaba, dejando a Greta como una mala hermana. En su casa, el único que parecía preocuparse por ella, era su padre, aun que analizando la situación, no era Greta la que le preocupaba, si no el dinero que esta pudiera traer a casa en un futuro. En esa familia, todo era malo por culpa de la avaricia.


Recogió la mesa, lavó los platos y terminó los deberes para el día siguiente.
Cuando Greta se acostó sobre la cama, se quedó dormida, aún vestida con el uniforme.

Continuará...



¿Que os ha parecido? Espero vuestros comentarios. Si no tenéis Blog, siempre podéis hacerlo vía Facebook.

¡Paz!